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Avalada por una tradición culinaria que mezcla las marmitas y guisos con páprika de los magiares de tradición nómada y las influencias aristocráticas de los asados de volatería y caza y los hojaldres, la cocina húngara ofrece una de sus facetas más vibrantes y variadas en los numerosos restaurantes de renombre que ofrecen sus creaciones en Budapest, donde se concentra una cuarta parte de la población del país. Además de los animados locales tradicionales, en la ciudad destacan un puñado de locales elegantes y de diseño que presentan en sus mesas versiones fusionadas y reversionadas de los platos nacionales más representativos, de acuerdo con un sentimiento de recuperar y mejorar los sabores tradicionales que se considera el objetivo de la nueva cocina húngara.
La oferta gastronómica de Budapest alterna la amplia selección de platos de los étterem o locales más elegantes, y la línea más tradicional, normalmente animada con música zíngara, que representan los vendégló o kisvendégló, una categoría más casera y popular. La repostería, de corte vienés, es de una altísima calidad, y se puede degustar tanto en los cafés históricos como en restaurantes de categoría. Además de los soberbios dulces como el somló (bizcocho con crema y ron) y las crepes o palacsinta, la gastronomía en Budapest presenta un excelente surtido de sopas (como el Caldo de buey con tuétano), suflés de verduras (de patata o coliflor), guisos con chucrut (col en salmuera casero, que se produce en Vecsés, a las afueras de la ciudad) y platos de inspiración judía como el estofado sólet donde elegir.
Hermanada con la crepe francesa y la palatschinken austríaca, la palacsinta húngara es una deliciosa tortilla que el restaurador Károly Gundel elevó a la categoría de arte a principios del siglo XX en el restaurante que lleva su nombre, y que se considera el más lujoso y exquisito de toda Hungría. Su receta rellena la tortilla de esta preciada especialidad con ron, uvas, ralladura de limón y nueces, flambeándolo y bañándolo luego en una aromática salsa de chocolate. El étterem Gundel se instala en un palacete de 1896 cercano al Zoológico y fue uno de los principales artífices en lograr la irresistible combinación de las excelentes materias primas y recetas nacionales con el refinamiento europeo; de sus fogones han salido especialidades clásicas como los Pepinos rellenos de setas o el Solomillo al estilo del pintor Feszty. Inspirado en los palacios italianos del XIX, su cocina la dirige actuamente Georg Lang, el conocido restaurador neoyorquino. Su chef, Kalla Kálman, prepara platos inspirados en la cocina noble húngara con giros contemporáneos, como su Consomé con huevos de codorniz y albahaca, la Carpa del Balaton con vegetales y vino blanco y diversos foies de oca. Su oferta se completa con una tienda donde venden foie aderezado a la húngara (con ajo y páprika), vinos, licores y libros de cocina.
Otros locales clásicos y elegantes de Budapest se reparten las mesas más prestigiosas e interesantes, como el Muzeum, un local que desde hace un siglo concibe platos de estricta línea tradicional, apenas alterados por las modas gastronómicas, como su goulash, su Foie à la Lucullus y sus Pencas del Balaton al ajo, dentro de un marco elegante y relajado. Los desayunos de estilo francés del restaurante Biarritz, cercano al Parlamento, resultan otra parada gastronómica obligada en la ciudad, en especial por la combinación de la fachada del edificio, de 1923, con interiores ultramodernos; su foie y sus sopas de cerezas o meggyleves y de castañas o gesztenyeleves son los más solicitados por sus clientes habituales, entre los que figuran Yoko Ono y políticos conocidos.
La línea de cocina más vanguardista está representada por un puñado de locales llenos de público moderno y cosmopolita. Entre ellos destaca Cyrano/Cosmo, dos comedores situados el dos plantas del mismo establecimiento que unen a su aspecto de diseño una carta contemporánea donde sobresalen unos irreprochables escargots o caracoles a las hierbas y el Faisán con albaricoques. El Képíró es otro local de moda frecuentado por famosos y personalidades los viernes por la noche, con una impecable cocina creativa que firma el chef Zoltán Kovács. La carta del Café Kör, otro local emblemático de la cocina de vanguardia donde suena el nombre de su chef Répás Adám, presenta creaciones a caballo entre los tradicional y la nueva cocina europea como el letcho (guiso de páprika) con huevo, o las Manzanas con camembert.
Los restaurantes tradicionales vendégló mantienen los sabores autóctonos de la cocina nacional con rotundos asados de ganso, pato, oca y guisos donde no falta la especia nacional, el pimiento páprika y otros aderezos propios de los platos más auténticos, como la grasa de oca. Estos locales resultan más asequibles, con un precio medio de 20 €, ideales para los viajeros que cuentan con un presupuesto ajustado, y reconfortan sin duda a su clientela con platos caseros y música autóctona de violines y acordeones para animar la velada. En sus cartas aparecen platos rotundos, como la sopa de montaña con jabalí y crema de Kéhli Vendéglö o la oca asada y la sopa de judías de Tabáni Kakas.
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