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Granada

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El Generalife, Yannat al-Arif o «jardín del arquitecto» debió ser la finca más destacada de las que se extendían por los aledaños de la Alhambra. Trono de la Alhambra la llama Ibn Zamrak, el gran poeta en la Granada de Mohamed V. La primera referencia sobre ella aparece en la Ihata de Ibn al-Jatib, el cual la incluye entre las diecisiete huertas pertenecientes al Patrimonio Real, destacando de ella la frondosidad de sus árboles, que no dejaban penetrar los rayos del sol, y el encanto y frescor de sus aguas y aire fresco.

Obra del segundo sultán de la dinastía nazarí, Muhammad II (1273-1302), reformado por Ismael I en 1319. situado al pie de una elevación, conocida por Cerro del Sol, está separada de la Alhambra por un barranco, y aunque su actual visita queda unida a la de la Alhambra, en realidad constituye un conjunto totalmente independiente.

Concebida a la vez como jardín y huerta en una organización típicamente musulmana, su emplazamiento al Norte de la Alhambra y frente a la vega granadina es otro exponente de la fusión con la naturaleza que presidió las construcciones en la Granada andalusí. Por ello el palacio, emplazado en ladera y en el centro de la finca, responde a la descripción de vivienda de carácter agrícola que Ibn Luyun hace en su Tratado de Agricultura.

Las cuatro huertas identificadas, de las que al menos una continúa hoy en explotación, son las denominadas Colorada, Grande, Fuentepeña y de la Mercería, que aunque con nombres cristianos debieron corresponder, agrandes rasgos, a las medievales. Estas huertas se extendían en paratas a diversos niveles por debajo del Palacio, que presidía majestuoso toda la extensión, y del que su mirador del Patio de la Acequia era sin duda la joya más destacada. Las huertas alcanzan hasta la Cuesta de los Chinos, que forma una vaguada entre ellas y las estribaciones de la Alhambra, y están todas delimitadas por muros de contención y de separación, alguno de los cuales puede todavía distinguirse.

Tuvo el Generalife en la Edad Media de Al-Andalus al menos dos puertas exteriores. Una, en la Cuesta de los Chinos, que enlazaba con la fortaleza de la Alhambra. La otra puerta exterior estuvo situada en el lugar conocido modernamente como la Mimbre. Esta entrada ha sufrido numerosas transformaciones, la principal de ellas la creación de un amplio Paseo de Cipreses, reformado en 1862 para la visita de la reina Isabel II.

La construcción más emblemática del conjunto es el Patio de la Acequia. Se trata de un recinto alargado atravesado en su eje mayor por la canalización de la Acequia Real que lo convierte en un patio de crucero, pues en su eje aparecieron en 1959 los restos de una pequeña glorieta central y del jardín original, que estaba dividido en cuatro parterres octogonales, aun nivel inferior de los paseos. En los muros que canalizan la Acequia han quedado doce caños de los que siete conservan elementos nazaríes para el riego, todo ello modernizado en el siglo XIX con los surtidores cruzados que tanto han popularizado el jardín.

Originalmente el Patio de la Acequia estaba cerrado al paisaje, pero en época cristiana se le abrió un estrecho y largo corredor que le ha dado unas hermosas perspectivas. En el intradós de los arcos que comunican el corredor con el patio se ha conservado pintado el escudo de los Reyes Católicos con el yugo y las flechas, y su tema «Tanto Monta...».

La única abertura original del Patio al exterior es el pequeño mirador situado en el eje del recinto y que conserva el alféizar de las ventanas a un nivel bajo, como era característico de los musulmanes, para divisar el paisaje sentados en el suelo.

En el otro lateral del Patio se alinean dos viviendas con sala baja y planta superior, del tipo de las existentes en el Patio de los Arrayanes pero más reducidas.

Al fondo del Patio se encuentra la Sala Regia precedida de un amplio pórtico de cinco arcos, mayor el central, tan característico de la arquitectura nazarí. Ambas estancias, unidas por un triple arco con finas columnillas y capiteles de mocárabes, tienen preciosas yeserías y techumbres, especialmente el de la galería, cuajado de capulines.

A principios del siglo XIV se le añadió a la Sala una torre-mirador que avanza sobre la cuenca del río Darro con unas hermosas perspectivas de la ciudad, el Albaicín y el Sacromonte.

El edificio tuvo una planta superior que fue ampliada por los Reyes Católicos y sobremontada después por una extensa galería abierta que desfiguró el conjunto.

Desde la Sala Regia, por una puerta y escalera abiertas en su costado en época cristiana, se accede a otras dependencias del Palacio; a partir de aquí todo está muy modificado.

Se pasa al Patio del Ciprés de la Sultana, escenario de imaginarias leyendas amorosas, que tienen un carácter muy diferente al hispanomusulmán. Una fuente, rodeada por una alberca en forma de «U», provista de surtidores, de época barroca, centra el Patio al que abre una galería a modo de cenador con planta superior, construida entre 1584 y 1586.

Al otro extremo, por la llamada Puerta de los Leones y subiendo una empinada escalera, accedemos a los Jardines Altos del Palacio, también muy modificados al gusto occidental.

Bordeando la parte superior la tapia del Patio del Ciprés de la Sultana, llegamos al arranque de la Escalera del Agua, último vestigio musulmán del Generalife. Por ella se asciende, como haría el Sultán, a intervalos de tres etapas, bajo una bóveda de laureles a cuyos costados, sobre el muro, corren sendos canales de agua siempre fresca procedente de la Acequia Real, creando con su murmullo una atmósfera de meditación y relajación.

Desemboca la escalera en el nivel más alto de la finca, donde en el siglo XIX se edificó un mirador romántico; el lugar posee una de las mejores perspectivas de Granada.

Desde él, descendemos por una moderna escalera provista de pérgola. Una vez en el jardín inferior podemos acceder al mirador que avanza sobre el Patio de la Acequia, provisto también de deliciosas panorámicas.

En un extremo de este jardín se encuentra la Puerta de la Mercería o Puerta de los Carneros, por la que se desciende al inicio del Paseo de las Adelfas. Al fondo, ante una plazoleta que ha conservado una antigua edificación, existe una zona de descanso con agradables vistas de la Alhambra. Ante ella, en un nivel inferior, se encuentran los restos de la Casa de los Amigos, edificio perteneciente al Palacio que fue destruido.

El Paseo de las Adelfas, así llamado por la bella bóveda de esta planta, es el itinerario final de visita al Generalife.

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